miércoles, 20 de febrero de 2013

EN EL LADO DEL CONTRARIO

El día que escuché la palabra empatía, tal y como se explica, ponerse en el lugar del otro, decidí hacerla mía.

La ocasión llegó pronto. Tan pronto como llegan los conflictos, tan deprisa como un vendaval de problemas. Y decidí ser empático.

Me imaginé a un lado de una mesa y al otro lado a mi contrario, al que para tener fuerza en mis argumentos hasta ese día traté como mi oponente. Y me imaginé pensando en lo que él pensaría en cada una de mis argumentaciones. Y me imaginé contestando como él y como yo. Y como yo imaginaba que mi contrario era bueno, por tanto debía ser empático, entonces él pensaría en lo que yo, a mi vez, estaría pensando. Y yo estaría pensando en lo que él debería estar pensando sobre lo que yo pensaría. Y así estuve, como la flecha a la que siempre queda la mitad del camino. Paradoja que nunca entendí ni con la flecha ni con la pobre tortuga.

Sí. Fue más fácil imaginar un tablero de ajedrez. Yo con blancas y mi contrario con negras. Y solo supe hacer la primera jugada sin pensar, adelantar un peón. Luego me imaginé en el lugar de las negras, pensando en lo que debería hacer para contrarrestar el movimiento del peón, sabiendo que el contrario de ese momento, yo mismo, el de las blancas, movería un alfil si yo, el otro, adelantaba el peón del alfil y que movería un caballo si era otro peón. Y pensaba y movía condicionado por la condición impuesta por la condición a la que yo imaginaba que el contrario se había condicionado por mi apertura. Y así la partida de ajedrez se movió de lado a lado del tablero, sin avanzar, sin  riesgos, sin ataques ni sorpresas. Y así ni siquiera hubo tablas sino un baile de piezas por el tablero, una extraña concordia en la que los peones blancos y los negros jugaron a la pelota usando de porterías las torres, la realeza realizó un picnic y los caballeros alfiles conspiraron en una esquina del tablero. Y los caballos, por fin, retozaron.

Y fue tal mi ensoñación. Y fue tal mi empatía, que el tablero de ajedrez se materializó. Y yo me movía de un lado a otro del tablero, todo hay que decirlo, ante el asombro de mi oponente, el pobre antiempático, que no podía imaginar lo que yo hacía. Y ante la consternación del juez quien resolvió a favor del otro, no por no hacer caso a mis argumentos, que eran los míos y los contrarios, las respuestas a los contrarios y las réplicas a la respuestas, todo eso a la vez, y, en suma, nada. No, el juez resolvió a favor del contrario, que supo no ser yo, por aplicación del principio de indeterminación de Heisenberg. Y sentenció : "Es posible saber donde está la parte y es posible saber qué argumento muestra, pero no ambas cosas a la vez".

lunes, 4 de febrero de 2013

CAMISAS Y TRAJES

Ni siquiera nadie los llama documentos, sino papeles. Los papeles del pepé.

Es posible que sean un fraude. Deberíamos admitir esta posibilidad, pero en este estado de las cosas, es difícil pensarlo.

Me asombran cosas de esta documentación, muchas cosas. Casi lo primero que pienso es en qué razones tienen estos cargos públicos, que en su mayoría cobran salarios jugosísimos, para ocultar una cantidad, para ellos, menor. No creo que el objetivo sea ocultar nada al fisco, más bien parece una maniobra para ocultar la existencia de dinero que no debería llegar a la cuenta de ningún partido. Algo  ilícito e inmoral y que como un secreto ha sido repartido, no para el partido, sino para algunos de los del partido. Y es significativo que quienes han alzado la voz para verificar algún pago han sido solo los que han cobrado cantidades menores o los que les han dado un fin claro o lo han tomado como un préstamo.

Me asombra también que se desvele esto a un periódico. Cualquier imputado en un caso de este tipo daría al juez o al fiscal esta documentación con el ánimo de pactar una pena reducida. La intención parece clara, si fuera documentación falsa es la de hundir el prestigio del diario que las publica. Como ya pasó con Der Spiegel y los Diarios de Hitler. Imaginemos que fuera información veraz, secreta, pero cierta; el abanico se abre y aparecen algunos nombres, algunas conjeturas, venganzas internas, retorcidas conspiraciones. Pero quien haya sido el que las ha revelado, ha querido que fueran publicadas, que su repercusión fuera la mayor posible. Y esto suena a venganza, a moriré matando; o a mí me hicistéis esto, ahora vais a pagar; o en una maquiavélica conjura para que algún lider caido vuelva por sus fueros como salvador y regenerador del partido y de la clase política.

Es raro ver como este asunta afecta solo a personas que tienen una situación acomodada. Que cuentan con un rico patrimonio famililar y que no necesitan de los ingresos por su trabajo para llevar una vida aburguesada. Es raro porque no estamos hablando del lucro indecente del que tiene cuentas en Suiza, sino de la miseria por la que se corrompen. No estamos atacando a los que se corrompen con tal de mantener un sueldo que es su sustento de vida, o el que le permite acceder a una vida un poco más fácil. Hablamos de personas que pueden considerar este dinero oscuro como un extra para caprichos. Es raro porque, aunque el destino de este dinero fuera gastos de representación, viajes, comidas, trajes o corbatas, obligaciones que su actividad pública condiciona, de alguna manera entienden que esto va por cuenta de los demás, que su manutención e imagen corren por cuenta de todos, que ellos ya tienen bastante con figurar. Y es raro porque desde su posición defienden que los políticos no cobren, con lo cual, ¡ay, jacobinos!, tan solo quienes tengan una vida asegurada por la familia o el matrimonio podrán dedicarse a la política, a servir a los demás. Mala cosa predicar la austeridad, implantar medidas populistas y estar podrido a causa del dinero. Y de la infamia.

No creo en los movimientos espontáneos que piden una regeneración absoluta de esta democracia. Me dan miedo. No sé qué se oculta tras ellos. Y no creo, por más que todos los indicios conduzcan a ello, que todos sean los políticos sean iguales, ni que el sistema no pueda funcionar. Por increíble que parezca, pienso que hay todavía ideales, vocación de servicio y honradez. Al menos un indicio de que algo hay es que sobresale parte de lo que ocurre y esta parte se está haciendo pública. Soy pesimista y pienso que quedará en poco lo que de aquí salga; serán apartados algunos políticos de aquí y allá, tendrán una condena leve, y, con el tiempo, volverán a sus feudos a hacer lo mismo. Respaldados por los que no hayan sido condenados, porque habrán servido de escarnio público y limpiavergüenzas, y sabrán que los demás siempre les deberán sus silencios. 

Es triste que en la situación de ruina que vivimos tengamos que ver el expolio constante; el cambio de favores por bolsos de marca, por tratamientos de peluquería, por viajes en cruceros horteras, por satisfacer las más ardientes fantasías de marujas y marujos. Porque no es otra cosa sino vivir como personajes de telenovela lo que consiguen.  

Quizás alguien debería escribir algún manual para políticos, al modo de las vidas de santos. Y en él incluir discursos y dialéctica en las Cámaras, valor ante los asaltantes, pulcritud y honradez, ejemplos que se pueden sacar no solo de la democracia griega, de los senadores republicanos romanos, del parlamento revolucionario francés, del inglés que frenó el absolutismo,... También hay ejemplos y, muchos, del Parlamento y del Senado español. Sin ir más lejos, la de un Presidente del Gobierno, que en el siglo XIX vivía en el edificio de las Cortes, quien había reunido a un grupo de periodistas a mediodía, que no lo dejaron ni un segundo durante varias horas y que, muerto de hambre, tras comprobar que todos los periodistas habían almorzado pidió a un ujier que bajara al café más cercano y encargara para él un filete con patatas, vino y café para todos. La primera sorpresa de los periodistas fue comprobar como aquel Presidente no contaba con un cocinero y sirviente propios. La segunda fue ver como al llegar el camarero, el Presidente abríó su chaleco, sacó un duro de su bolsillo y pagó con él. Nadie habría imaginado comida tan frugal para un alto mandatario y, menos, que él mismo se pagara su manutención.

Ejemplo para muchos políticos. Pero alguna vez deberían dejar de pensar en los trajes y leer.

miércoles, 16 de enero de 2013

SOCIALISMO SENTIMENTAL

Imagino que esta entrada no será corta. Espero que no, si doy con la tecla de lo que quiero contar. También, si consigo acertar, aspiro a no desanimar al eventual lector.
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La idea de escribir sobre el socialismo me la han dado por igual tres cuestiones que se me han planteado, una sobre los liberales, otra un vídeo soez de un profesor de economía que decía que la caída del Imperio Romano la provocó el socialismo y una tercera que suponía una pregunta conyugal sobre lo que yo soy, en términos políticos o ideológicos, se entiende.

Ya hace años, hubo un tiempo en que no sabía qué eran las derechas o las izquierdas. Un día era de un bando y al siguiente de otro, dependía de lo que oyera a mis amigos. Quizás un comic, Rusia en Llamas, me hizo entender de una forma muy emotiva cuál era mi lado. Y poco tiempo después en el 82, algunos amigos nos emocionamos con la primera victoria del PSOE. Era una época distinta a esta, y siempre recordaré que en unas elecciones anteriores, ante mi pregunta de qué era un mitin, mi padre me llevó a uno con Alfonso Guerra y Felipe González.

Cuando ya había leído Rusia en Llamas, comprado con los ahorrillos de muchas semanas, y asistido al primer mitin de mi vida, el partido comunista ganó la alcaldía de Córdoba. Aquello desató una oleada de miedos en la ciudad como yo jamás había visto. Y sirvió para que la gente mayor contara muchos horrores de la guerra y algún otro milagro con el arcángel San Rafael despistando a las tropas rojas. Así que mi inclinación hacia la izquierda se tambaleaba porque se contradecía con la natural e incuestionable fe religiosa.

Pero muy poco después, en el año 1982, la visita del Papa me fue indiferente, no así la victoria socialista en las generales. Creo que para esa época había decidido ya el lado sentimental en el que encontrarme y, cuando en Historia, estudiamos los siglos XVIII y XIX, creí encontrar apoyo y justificación intelectual a lo que creía, y, podía ya decir, sentía.

Me resultaba imposible leer sobre ciertas partes de la Historia y no sentir simpatía por los marginados, por los que han estado al margen del poder, de los favores de los regímenes y de los sistemas. Mirar con ojos alegres sus conquistas, sus luchas, sus rebeliones, significaba, de forma automática, mirar con antipatía, y odio, a la parte contraria, al poder absolutista de monarcas, imperios, Parlamentos, tiranos y dictadores. Ahora sé que era, y es, una interpretación personal y sé que al mirar los mismos hechos otros ojos no ven lo mismo. Y sé que, incluso mirándolos con los ojos de derechas, algunas de las conquistas de libertad y de lucha contra los reyes absolutistas tienen tal grandeza que nadie las discute ni las considera del otro sino de la humanidad.

Pero sobre lo que he contado de mis ideas, escoradas hacia babor, no existe nada de lo que se pueda deducir de qué pie cojeo exactamente. Sí que es el izquierdo, pero ¿de qué izquierdo?

Cuando hablo de mis vivencias se entiende que transcurren en una época de transición política en España y no creo que disten demasiado de las de otros; cuando hablo de mis lecturas tampoco creo que puedan distar de las de otros, al fin y al cabo a lo que he tenido acceso ha sido a una oferta poco marginal de libros, revistas o comics respaldados por cierto éxito; así que mi modelado interior no puede ser muy distinto al de otros. Ni tan siquiera cuando hablo de Historia, o historia, cuando hablo de los marginados, de los oprimidos, puedo dejar de pensar que nadie con algo de conciencia, de derechas o de izquierdas, pueda sentir, al menos, algo de compasión por estos grupos. Y pienso en los ideales de los partidos políticos, y casi todos, en su origen, luchan contra la injusticia.

Creo que la forma más ordenada de expresar lo que intento contar es contestar a las tres preguntas que me planteaba al principio de este entrada. Lo correcto es empezar por los liberales y, dado a ser ordenado y canónico, por aquí empiezo.

Liberales.

Yo veraneaba en Cádiz, dos veces en el siglo XIX, refugio de liberales. Así que me interesaba mucho la historia de la Constitución de 1812 y la de los Cien Mil Hijos de San Luís. Y las veces que estudiaba la Constitución de 1978 siempre se comentaba la herencia de la Pepa en el, por ahora, nuestro último texto constitucional. Y más que poder emanado del Pueblo, de ambas emana cierto estado de felicidad. Algo que convierte a ambas en algo hermoso, sin saber muy bien por qué.

Recuerdo además una pregunta a la que no supe responder hasta hace muy poco, a qué responden, qué influencia tienen las corrientes históricas y las filosóficas en las constituciones españolas. Cierto es que ahora mismo, con la intención de no ser pesado ni pedante, es imposible citar fechas de los textos que hay entre ambas, todos aquellos textos que se redactaron en el siglo XIX y que fueron poco más que leyes de organización. Para lo que quiero contar me interesa mucho más la de 1812.

No creo que hubiera existido esta Constitución sin hitos anteriores, sin la Revolución e Independencia de Estados Unidos, sin la Revolución Francesa y sobre ciertas ideas filosóficas como el utilitarismo de Hobbes.

Yo entiendo las revoluciones citadas como la consecuencia de una lucha de poder entre la burguesía y el poder de una monarquía anquilosada en maneras y modos antiguos de gobierno. Son los colonos los que no entienden por qué deben pagar a un rey que está tan lejos, que no ayuda a su tierra y que los embarca en guerras que ellos sostienen con su trabajo. En Francia ocurre lo mismo, no es el pueblo, el vulgo llano, el que se rebela; una clase no aristocrática, harta de pagar las guerras de un rey que los mata de hambre, harta de dejar que sean sus hijos los que deban servir en el ejército sin poder mandarlo, se rebela. Y de fondo la idea de que el individuo debe ser feliz, y de que para ello tiene derecho a prosperar sin que importe la clase social adquirida al nacer y considerando que es posible alcanzar la felicidad individual siendo útil para un colectivo mayor, por ejemplo, la sociedad.

Así que los liberales en el norte de América, en Francia y en las Españas europea y americana, solo buscan algo que ahora nos parece tan elemental y esencial como la vida. Tan solo reclamaron libertad, voz, capacidad para decidir sobre su destino, su vida y su hacienda. Y fueron por ello liberales, los abanderados de la libertad. En contra a quienes tenían era a los conservadores.

Hoy en día, la palabra liberal tiene otra acepción. Que no deja de ser curiosa y paradójica. Los liberales buscan libertad económica ante todo, no quieren que un "Estado opresor" les obligue a pagar impuestos, no entienden que deban pagar seguridad social para pensiones o salud o seguridad. Creen que el individuo debe prosperar por sí solo y que por sus medios y su trabajo debe conseguir bienestar, cuidados, seguridad,...

La idea de que se deba premiar el esfuerzo individual no solo es buena, es estupenda. El problema no surge cuando el individuo se esfuerza y consigue acceder a un plano diferente, a una vida más cómoda, sino en que esta extrema idea liberal conlleva que para que uno medre debe sacar ventaja a otros que no la conseguirán. Y ataca una idea tan primordial y tan básica como la de la libertad del individuo, la cooperación. Es cierto que no podemos considerarnos solo hormiguitas luchando por el bien de la especie humana, también lo es que los logros de los que ahora disfruta la sociedad han venido de la transmisión de conocimientos, de formas de vida, de especialización en trabajos para los que es necesario articular una sociedad.

En tiempos el señor feudal contaba con un arma, la fuerza, el ejército, para vivir por encima del grupo; y la supuesta protección que brindaba en su feudo le permitía toda clase de desmanes. Hoy en día ese arma es el dinero, el poder económico, la posibilidad de contratar, mejor dicho de emplear, a gente y la posibilidad de con eso los trabajadores accedan a lo básico. Y, una de las paradojas, lo que vale para el que tiene el dinero no vale para otros. Porque una de las premisas es, si quieres ganar más, trabaja más. Sí, regla de tres cierta, salvo para el que tiene un salario al que se le dicen si no quieres perder tu salario vamos a rebajarlo, si no quieres perder tu salario trabaja más horas, si no quieres perder tu salario renuncia a tus derechos.

Pero este mundo liberal, que se sostendría ideológicamente si extendiera su premisa de la libertad e igualdad individual de forma universal, falla. Y falla porque parte de supuestos como la herencia o el acceso de ciertos individuos a elementos de formación mejores a los de los otros y porque necesita de extensos lugares en los que estas reglas no funcionen. Expliquémoslo. Es claro que un individuo debe formarse, y es claro que si quiere alcanzar un determinado objetivo su formación debe ser mejor. Pues, en el universo liberal, la mejor formación, como lo entienden, es la privada. Para acceder a ella el individuo no depende de sí mismo sino de su familia. Primera ayuda que invalida la idea de que el individuo puede ser lo que quiera por sí mismo. Ayuda que se repite con los contactos profesionales a los que pueda acceder, la sanidad y la imagen que puede permitirse o el dinero con el que pueda contar para iniciar cualquier proyecto. Es decir, el individuo podrá ser individuo y ejercer su libertad solo cuando haya recurrido a una estructura que no depende de él. Pero desde el punto de vista de las naciones podemos pensar en algo equivalente. Para que Alemania, Francia, Estados Unidos o, incluso, España prosperen, es necesario que en naciones como China el reconocimiento de la libertad individual no se permita. O que África o la América andina no tengan cubiertas ni tan siquiera las necesidades básicas para la subsistencia.

Así que de aquellos liberales que hicieron de la Ley, el Estado y la Razón su bandera; de aquellos liberales que lucharon por conquistar la libertad del hombre y dejaron de ser siervos, esclavos y súbditos para ser ciudadanos poco queda. Tan solo un nombre. Simpático, pero tan solo un nombre.

La Historia. El Imperio Romano.

El franquismo, y la educación que permitía, hizo mucho daño. Imagino las clases de Historia que se permitían. Lo que no imaginaba es que un profesor de Teoría Económica en pleno siglo XXI podría llegar a tal punto de visión cerril como para culpar al socialismo de la caída del Imperio Romano.

Un niño diría que ¡vaya tontería, el socialismo no existía en aquella época! No soy tan idiota como para quedarme ahí. Entiendo al profesor, quiere decir que un modelo similar al que el socialismo mantenía en España colapsó el Imperio. Yo sin entender de Historia lo rebato. Por cierto, el mismo niño de antes diría que Jesucristo fue el primer comunista.

La tésis del vídeo era que la burocracia, la corrupción y el engrosamiento del Estado acabaron con la maquinaria del Imperio. La analogía era clara, para quien quisiera verla así, con la etapa socialista del siglo XXI. Y la tesis de que el Estado estaba burocratizado y lleno de funcionarios indolentes e ineficaces también. No quiero ni pensar en que también se refería el profesor a la supuesta teoría de algunos historiadores que vieron como causa de la caída romana el supuesto afeminamiento de la sociedad. O la llegada de inmigrantes.

Entonces, debía ser que el mal de la burocratización, el exceso de dirigentes públicos, de agentes intermedios en cada intervención administrativa era un mal exclusivo del socialismo. Por tanto erradicado el socialismo estará erradicado el mal.

Sin embargo, la carga burocrática que se soporta en España no proviene ni de lejos, ni del siglo XXI, ni del último tercio del siglo XX. Ha sido una mala concepción del Estado la que ha provocado triplicidades y tetraplicidades en las competencias que asumen las Administraciones y eso ha sido culpa de varios de los llamados pactos de Estado en los que comparten responsabilidad todos los grupos políticos y los nacionalismos que no han sabido compaginar una identidad de pueblo, de país, de nación, o de identidad territorial con esquemas eficientes para políticas de economía o sanidad. Es más bien un mal de la democracia.

También fue un mal democrático la forma en la que se dignificó el trabajo del funcionario. Es decir, considerar a los servidores públicos trabajadores importantes de una organización necesaria y, como tales, reconocerles los mismos derechos laborales que al resto de trabajadores fue algo tan de razón como beneficioso. Y estuvo bien, restarles el poder omnímodo que en cierta época tenían los que colmaban los puestos de relevancia; aquellos que se consideraron ajenos a toda ley. El problema no fue aplicar el raciocinio y la justicia a la función pública, estuvo en mantener anexa a la Administración miles de puestos para afines a los partidos o a los que podían contratarlos.

Y ha sido también un mal nacido en los últimos años el que la Administración, cada vez más flaca de medios, y cada vez más obligada a asumir nuevas funciones haya solicitado cada vez más servicios de de empresas privadas.

Estos supuestos males han sido la punta de lanza de opiniones retrógradas y conservadoras para considerar que el Estado en sí es un mal. Y es más, si se piensa bien, la retórica empleada da una idea muy clara de qué piensa el responsable del video. Imperio, ¿qué nos dice esta palabra?, ¿qué tiempos de España evoca? Burocracia, ¿se refiere con eso a la casta política? ¿se referirá acaso con eso al oficial de juzgados que no puede ni etiquetar expedientes?

Así que esta teoría tan débil no se sostiene. No la que se refiere a las causas del declive latino, sino la que la asimila al socialismo las malas prácticas de una civilización basada en la dominación, la sumisión, la fortaleza militar y la esclavitud. ¿Por qué? Porque de alguna forma lo que persigue es desacreditar la idea misma de Estado, la manera de formalizar la cooperación entre personas y de ser gobernados por iguales con la posibilidad, poco probable pero posible, de convertirse en gobernante de los iguales. Y, de alguna manera, deja entrever que los servidores públicos no electos forman una increíble camarilla de personas que no aportan nada a la sociedad y que son deudores de favores por ocupar ese puesto.

Es posible que nadie le haya dicho a esta profesor que tras el Imperio Romano en Europa se inició la Edad Media, los Años Oscuros. Y es posible que nadie le haya dicho que tras la organización imperial, la burocrática, llegó la sociedad feudal ¿Hará alguna analogía este profesor con los nuevos señores feudales?, ¿con esos que ahora heredan y regalan partidos, comisiones y feudos?, ¿con esos que ahora deben vasallaje a las grandes corporaciones y a los mercados?, ¿con esos que ahora nos consideran siervos?

Lo que soy.

La pregunta surgió hace años. Hablábamos sobre qué votar en unas elecciones generales y yo dudaba. Entonces me preguntaste, ¿tú qué eres? Y no supe contestarte.

Una vez decidida la afiliación a la izquierda uno se debate entre varias familias: socialdemocracia, socialismo a la europea, socialismo a la cubana, comunismo en sus múltiples formas... Y yo siempre he dudado en dónde quedarme.

Tengo clara la diferencia entre el comunismo utópico, ese estado final de igualdad social inalcanzable, y sus aplicaciones en distintos países. Ninguna, claramente, ninguna, me gusta. Ninguno de los regímenes impuestos ha conseguido pasar a una fase posterior y han prolongado la dictadura del pueblo, convirtiendo esta fase en épocas de Terror, de sometimiento y de dictadura personal. No es necesario recurrir a Pol-Pot, a Ceaucescu, a Mao, a Stalin. Tampoco los regímenes nicaragüenses o cubano me parecen la mejor de las aplicaciones prácticas de una idea filosófica. Así, que mostrando mi simpatía por el comunismo filosófico, por la igualdad de hombres universal, abomino de los regímenes comunistas que conozco.

El anarquismo me parece también una idea pura. Una idea, quizás inaplicable y contradictoria. Pretende que el ser humano sea libre, que no haya ataduras, deberes, trabajos,... y va contra la idea misma de la cooperación humana. El anarquista puede vivir en esta sociedad, pero sin esta sociedad de la que necesita y, a la vez, quiere destruir no puede vivir. En caso de desaparición de la sociedad la idea es implantar otra de caracter comunal. Es decir el anarquista quiere derribar unas barreras para construir otras, iniciar una sociedad casi de caracter tribal, volver al principio de la Historia. Para ver si, de alguna forma, esta vez hay más suerte.

No. Adoro a los anarquistas de verdad, los que saben vivir sin nada, o trabajando en el momento justo, los que detestan la propiedad, las normas, las reglas, las imposiciones. Es cierto, son personas y espíritus libres. Pero solo pueden progresar como individuos, su idea no es extensible a una sociedad, a una forma de gobierno.

Y, parece que por descarte, queda el socialismo. Pero no es así. Se trata de una elección basada en otros hechos.

Desde que en 1985 descubrí que había corrientes socialistas que conciliaban el socialismo científico, conocí la calidad de vida de los suecos, a pesar o gracias a la gran presión fiscal, y supe de que el socialismo europeo había renunciado en los años setenta a la violencia, entonces encontré una vía para encuadrar mis ideas.

Quizás lo que me ha gustó del socialismo sueco y del alemán ha sido la ausencia de dogmatismos, la ausencia de elementos de presión al grupo, el intento de desarrollar la libertad del individuo dentro de la sociedad. Lejos de las grandes boutades de la gauche divine, y de sus incongruencias, que decían que ellos querían un socialismo con angulas o caviar para todos, y que vivían en comunas en la Costa Brava o Ibiza sostenidos por grandes posesiones y fortunas familiares, es posible encontrar un equilibrio entre el desarrollo personal, la libertad de elección, el progreso,... y la comunidad organizada que pide más a quien más tiene y que gestiona de forma comunitaria bienes y servicios que, sin el aporte de todos, serían para una minoría.

He aquí la política. Las siglas PSOE han desvirtuado la idea socialista. Han creado en España un modelo de gestión y de pensamiento único, a veces verdaderamente de gilipollas, que han dañado la posibilidad de que nadie vea en el socialismo algo distinto a épocas de dominio de una casta política sin formación ni ideales. Este no es el socialismo que defiendo.

Tampoco, aunque sus ideales sean más cercanos a los del socialismo que los del PSOE, ha conseguido IU desembarazarse de la inercia que supone una historia lastrada de crímenes y dictaduras. Y la defensa ciega que realizan de Venezuela, Cuba, Bolivia o Ecuador, sin mirar al populismo, y a las flaquezas de sus líderes tampoco ayuda a sentir en IU el adalid de mis ideas.

Así que ahí estoy. Socialista sin partido. De izquierdas de corazón, pero con ideas que no casan con el pensamiento único de la izquierda española. Para mí no siempre un rico es un enemigo y un pobre un amigo. Mis amigos son de un lado y de otro; entiendo más la honestidad, la bonhomía, la franqueza y las vivencias comunes como los elementos en los que se forja una amistad. Al igual que entiendo que la Justicia, no la ley, que la Prosperidad, no el enriquecimiento, que la Igualdad, no la igualación, forjan mi pensamiento político.

Por eso soy un socialista sentimental.

viernes, 28 de diciembre de 2012

CRÓNICA DEL FUGITIVO.

Supimos de él a través de de las redes sociales. El fugitivo huyó de nosotros y de todo, salvo de sí mismo y de su incansable verborrea y forma de llevar la contraria a todos. Unos días antes habíamos descubierto como se había ido desprendiendo de todo lo antiguo. Y era obvio que nosotros estábamos en ese conjunto de cosas antiguas.

Nadie imaginaba que día tras día deshiciera todo lo hecho, retornara por todos los caminos emprendidos alguna vez y cortara todos los lazos que lo ataban a algún pasado. De unos se despidió con un escueto adiós. De otros tomando unas copas y de los demás no se tomó la molestia.

Embarcó. No es que fuera gran cosa el barco pero valía para aislarse. Hasta que al abrir la bolsa de la comida descubrió su móvil y el cargador. Durante días pensó en lanzarlo al mar y una mañana estuvo a punto. Mirando el teléfono antes de tirarlo recibió un whatsapp. La antena del sistema de localización le proporcionaba cobertura. Sin abrir el mensaje se metió en la cabina de popa y acarició la superficie lisa del teléfono.

Ahora solo sabemos que navega sin rumbo conocido. Que escribe sin ton ni son y que opina de todo. Del pescado que comió, de la cebolla liofilizada que usa, de la maroma que ata la vela que en realidad se llama jarcia, de las dársenas de los puertos... 

A veces habla de la soledad que siente, de lo que ansía fondear en algún puerto. Y entonces, solo entonces, lo entendemos.     

viernes, 16 de noviembre de 2012

LAS COSAS QUE NUNCA TE DIGO.

Sé que cuando tengo ganas de decirte
estás guapa, te quiero,
te quiero así,
feliz,
me callo.

Sé que debería decirte a menudo,
me gusta como haces las cosas que tú haces,
me gusta cuando estás despistada,
libre,
y no ejercito este derecho a pedirte,
abrázame en la forma en la que me gusta que tú me abraces,
bésame como me gusta que tú me beses,
acuéstate a mi lado y martirízame con el frío delicioso de tus pies.

Sé que no siempre soy yo el que callo,
hay días en los que te cuento esto como un ruido de fondo,
como un murmullo que acalla
el timbre de un teléfono,
la melodía de Violeta
o un absurdo y dulce reclamo infantil.

Sé lo que me gusta tu piel,
que yo sé suave y cálida.
Sé lo que me gusta el arco de tu espalda,
el que yo creo que parece hecho para mí,
para que me acople y me reciba.
Sé lo que me gustan los días en los que te veo,
tranquila,
amable,
dulce,
serena,
alegre,
o todo lo contrario.

Sé que son estas,
y las otras,
las cosas que me gustaría decirte,
recitarte.
Y nunca te digo.
Aunque nunca no sea nunca.

miércoles, 17 de octubre de 2012

A LA SOMBRA DE MURAKAMI

En Almodóvar vivía alguien a quien llamaban el Feo Gómez. El Feo Gómez era raro. Y extraordinario. Tenía barba, una casa decorada a lo árabe, vivía con su padre y unos gatos y bebía té. Yo tendría unos tres años y medio o cuatro cuando visité aquella casa en la que no había ni un juguete.

La habitación a la que me llevaron era pequeña, tenía muchos libros y alguna que otra estrella de ocho puntas en la madera de la contraventana modulaba la luz. Allí me quedé, esperando por una eternidad algo con lo que jugar, hasta que llegó un gato y se recostó contra mí.

Mientras bebían té decidieron venir a verme. Recuerdo aquella tarde como la primera en la que no merendé. Y nos vieron a mí y al gato juntos.

- Tranquilo, decía el Feo Gómez. El gato no te hará nada, no hace nada.
- Entonces es manso, contestaba yo.

Se rieron.

- No hace nada porque es un cachorro tranquilo.
- ¿Por qué dices que el gato es manso?, ¿de dónde has sacado esa palabra?
- Hoy en Furia ha salido un caballo salvaje. Como no dejaba que le pusieran una silla, Furia se puso a su lado y el caballo se tranquilizó porque era manso, solo estaba asustado.
- Ya, pero un gato no puede ser manso.
- ¿Por qué no?, ¿por qué un caballo puede ser manso y un gato no?

Volvieron a reirse. Y yo sentí que se reían del gato y de mí. Pero no sabía como contarles el abismo en el que eso me sumía.

Al poco, mientras terminaban el té, el gato manso se marchó ajeno a su mansedumbre. No volví a verlo, tampoco al Feo Gómez.

viernes, 21 de septiembre de 2012

CUENTOS DEL DÉFICIT CERO. UN TERCIO MÁS.

Cuando el café está impregnando de aroma la cocina llega Pedro. Ha pasado varias guardias seguidas en varios hospitales y apenas recuerda ni de cuál vuelve ni a cuál tendrá que acudir dentro de dos días. Solo sabe que tiene ahora un poco de tiempo para disfrutar de su casa. Olga se irá a su trabajo de media jornada y la interna se llevará y recogerá a los niños del cole. Solo, va a quedarse solo. Podrá hacer lo que quiera.

Olga vuelve a las tres y encuentra a Pedro aun en la cocina, pensativo, preocupado. No quiere preguntar, sabe que es duro aguantar ciclos de cuatro días sin venir a casa, durmiendo en camas de hospital y atendiendo a gente en mal estado. Olga sabe que ayer le contó que había tenido que dejar de atender a un cincuentón en paro desde que se inició la crisis y a un marroquí sin ningún tipo de documento. A Pedro le propusieron objetar, pero el director de la Clínica lo miró y él pensó en la tranquilidad que la interna les daba en casa y en lo bueno que era que ella subiera las maletas, no estaba para rebeldías quijotescas. Olga cree que hizo lo más sensato. Pero tiene que ser duro decirle a alguien, vaya a morirse a casa, yo no puedo atenderle. Olga siente que ni un terrorista merece oir eso.

Olga mira ensimismada a Pedro, piensa que vive una lucha interior y que su juramento hipocrático le está provocando un fuerte dilema moral. Estás bien Pedro, lanza con dulzura. Sí, no te preocupes, tranquiliza el médico, estaba pensando en que si en vez de hacer lo de todo el mundo fuera al revés que el mundo podría añadir un ciclo más cada dos meses, comprarnos el coche con el deuvedé integrado en los asientos traseros y ganar este año un tercio más.






miércoles, 19 de septiembre de 2012

LA ISLA DE LOBOS.

(UN CUENTO PARA CARMEN)

Os voy a contar una historia.
Es la historia de un cuento y de por qué se hizo famoso.
Es la historia del Cuento de la Isla de Lobos.


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Hace ya algunos años, ni muchos, ni pocos, sino los suficientes, una niña viajó con sus padres de Lanzarote a Fuerteventura. Esta niña, podéis imaginaros, es como las niñas de todos los cuentos, guapa, rubia, de pelo ensortijado, que quiere decir muy rizado y muy bonito, y con un corazón puro, puro, muy puro.

Carmen, que es el nombre de esta niña, hacía la travesía en un bonito barco, un vaporcito con el fondo transparente para ver los peces, que se llamaba “El Barco del Amor”. El contramaestre era un simpático hombre que vestía como un antiguo pirata, descalzo, con calzón ancho y pañuelo en la cabeza.

- Carmen, gritaba, mira los delfines y los peces voladores, ¡mira el cielo y el sol!.

Y, mientras a babor y a estribor saltaban los peces voladores y los delfines acompañaban el barquito, su papá le dio la mano y su mamá montó a Carmen en sus rodillas para que viera mejor la isla de Fuerteventura que aparecía en la proa del barco. Pero Carmen no miraba a su frente sino a su izquierda, que es babor, donde su atención se dirigía a un pequeño islote.

Tan tímida era Carmen que no preguntó qué era aquello, pero el pirata adivinó su pregunta y dijo:

- Y a babor tenemos la famosa Isla de Lobos.

Y del corazón de Carmen, sin saber cómo, salió un mensaje que voló rápido y veloz a la Isla de Lobos.

Y no creáis que se perdió, pues como veréis ahora, ese mensaje puro llegó a la Isla y selló un pacto muy importante.

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Cuando Ferling, el Guardián, detectó el mensaje supo enseguida que debía convocar el Consejo.

Os preguntaréis qué es el Consejo, pues sabed que el Consejo lo componen todos los habitantes de la isla. Es decir, todos los lobos de todos los cuentos, historias y leyendas del mundo. Este Consejo lo preside el lobo más antiguo, que como casi todos sabéis es el lobo del cuento de Caperucita.

Haremos aquí un descanso. Pequeño. Lo suficiente para contar cómo viven y qué hacen los lobos en esta isla, pues antes los lobos vivían a lo largo y ancho de este mundo. Hace muchos años los bosques y los campos empezaron a llenarse de hombres que se peleaban con todos los lobos, incluso con aquellos que incluían en sus historias, casi siempre los malos del cuento. Poco a poco el mundo se hizo pequeño para los lobos hasta que una loba, hechicera y maga, que vivió con los Atlantes decidió que todo lobo que apareciera en una historia humana podría venir a esta isla a vivir para siempre.

Escogió esta Isla de Lobos y la hechizó, a los ojos de los hombres no sería más que un islote pedregoso, pero en realidad es un verdadero paraíso, un jardín creado por un lobo jardinero, el que creó el jardín de Babai. Los hombres creen que la llaman Isla de Lobos porque el viento pasa entre sus rocas y el sonido recuerda el aullido del lobo. Es en verdad el aullido del lobo, de todos los lobos del mundo que aúllan. Y ahora vosotros sabéis el secreto.

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Cuando la luna llena llega al punto más alto en el cielo, se ilumina la Cueva del Consejo. Nadie sabe por qué la llaman cueva porque se trata de una explanada rodeada de pequeñas pendientes en las que los lobos se colocaban para escuchar y participar en las deliberaciones del Consejo. Y la primera luna llena desde la llamada de Carmen se reunieron los lobos.

Los primeros en llegar fueron los ruidosos wargos de Tolkien, unos lobos con mala fama que siempre reñían con los lobos del cuento de La Bella y la Bestia. Tras ellos se fueron incorporando los demás, los lobos provincianos de las fábulas francesas, los de los cuentos griegos y romanos, los exóticos lobos de las estepas rusas, los de los cuentos de las riberas del río Amarillo que acompañaban a los blancos lobos siberianos. También los lobos místicos de los Libros Sagrados de casi todas las religiones a los que todo el mundo intentaba dejar a solas. Y los lobos de rancio abolengo que iban incorporándose los últimos, el de los Tres Cerditos, el de los cabritillos, el de aquel cuento que contaba tu abuela y ahora no recuerdas. En último lugar como fornida escolta, los hombres-lobo, abriendo paso al presidente del Consejo, el anciano lobo, aun fuerte y majestuoso, el más sabio, el lobo del cuento de Caperucita Roja.

- Hermanos lobos, y cuando decía esto no podía sino recordar a su antiguo amigo Francesco, el Consejo se ha convocado para que tomemos una decisión. Hace menos de media luna el fiel Ferling recibió un mensaje de un humano. No, no digáis nada todavía, no era una trampa. Era un mensaje de ayuda y no pedía nada. Jamás Ferling recibió un mensaje tan puro y de un corazón tan grande.

- Pero, ¿qué quería?

- No quería nada. He aquí lo extraordinario. Nada pedía, y ofrecía amor y ayuda.

- ¿De un humano?, no lo creo.

- De una niña, créelo. Su corazón es puro, muy puro.

- Entonces, nuestra salvación es una niña. En el mundo de los hombres la voz de una niña apenas es nada. ¿Qué puede hacer?.

- No lo sé, hermano. Cierto es que se trata de una voz pequeña, pero no creo que sea débil. Se trata de algo muy fuerte, frágil pero duro, como un diamante.

- Y, ¿qué haremos?

- Enviar a un mensajero.

- ¿A quién de nosotros?.

- No está decidido, pero yo había pensado en enviar a alguien fuerte, con experiencia en estos asuntos, que ya haya vivido una experiencia similar.

Todos los ojos de los lobos se dirigieron a la roca en la que los hombres-lobo se agrupaban. Miraban su porte altivo, erguidos sobre sus dos patas traseras, mostrando un pecho fuerte y peludo, atravesado por las heridas de mil armas de plata. Y, de entre ellos, se adelantó uno, con el semblante serio y desesperanzado y habló:

- No habléis más. Yo soy el lobo al que siempre traga la Nada, el hombre-lobo que persigue a Bastián, el embajador de las sombras. ¿Otra vez queréis mi sacrificio?, ¿otra vez me enviáis a la ciega oscuridad?.

- Amigo, sabemos de la dificultad de tu misión, y sabemos que si la emprendes no podrás volver a la isla, que tomarás el camino de los que no quieren ser más una historia, pero nuestra supervivencia depende de esto, y sabes que nadie mejor que tú para cumplir esta misión.

- Me pedís mi sacrificio, vosotros que también me miráis con miedo, y de esa forma os libráis de mí.

- No, no es así. Los pequeños lobos admiran tu porte y sufren por tus heridas cada vez que alguien lee La Historia Interminable. Y lo que queremos es que seas nuestra esperanza. No creas que se olvidará tu nombre, cantaremos tu viaje en nuestras leyendas.¿Aceptas ser nuestro embajador?.

- Sea.

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Carmen había casi olvidado su viaje a Fuerteventura, tan solo en un rinconcito de su corazón quedaba un hueco para aquella travesía y la misteriosa isla. Había pasado ya tiempo y se preocupaba por algo muy importante en su vida, su colegio. Estaba a punto de entrar en un cole nuevo, en el que no sabía si estarían sus amigos de siempre, o serían unos nuevos compañeros los que la acompañarían.

La noche de antes de empezar el colegio se acostó temprano, escuchó un cuento de su papá y otro de su mamá y se durmió soñando con el día siguiente. Pero a media noche se despertó, no sabía lo que pasaba pero miró a la lamparita que tenía en su habitación y le pareció ver una sombra. Muerta de miedo se tapó la cabeza con su edredón pero no podía dormirse, notaba algo extraño.

Debo estar soñando, pensó. Y cerró los ojos para dormirse cuando notó que a los pies de su cama se sentaba alguien. Mi papá, que viene a ver que me pasa, dijo antes de destaparse la cara y descubrir algo que le dio tanto miedo que la dejó muda. A los pies de la cama estaba sentado un hombre cubierto de pelo por todo el cuerpo, mucho más fuerte y alto que su padre, y con la cabeza de un lobo fiero, con unos colmillos blancos y afilados. Antes de que Carmen pudiera hablar, el monstruo habló:

- Buenas noches, niña. No te asustes, solo vengo a hablar contigo. ¿Cuál es tu nombre?

Al principio Carmen no podía hablar del miedo que sentía, y se quedó mirándolo con mucho miedo.

- Lo siento, dijo el lobo. Los lobos no nos damos cuenta de que somos los malos en todos los cuentos y que asustamos a los niños. Perdóname. No tengo mucho tiempo, antes del alba he de partir, así que empezaré diciéndote que vengo de la Isla de Lobos, ¿la recuerdas?.

- Carmen, me llamo Carmen. Dijo tímidamente. Y la recuerdo muy bien.

- Bien. Como te decía vengo de la Isla de Lobos para pedir tu ayuda. Estamos en un grave peligro, desde hace miles de años, vivimos en esta Isla sin que nadie nos moleste. Apenas un farero de vez en cuando, como el padre de un niño que queríamos que se llamaba Alberto, algún que otro turista despistado que venía a comer pescado a una pequeña caseta de la playa y poco más. Pero hace poco, alguien dice que compró nuestra Isla. Sabemos que un día desembarcó en la playa con unos papeles escritos por notario que decían que era suya, echó a los pescadores de la playa y derribó el pequeño bar que les abastecía y proyectó varios hoteles, carreteras, su mansión, un parque acuático y mil cosas más. Esto que, en principio parece bueno para que los hombres puedan vivir y trabajar, es nuestra ruina y nuestra muerte. Porque el hechizo de la maga durará mientras en la Isla los lobos sean más numerosos que las personas, solo así seremos invisibles. Nos quitarían nuestro hogar y ya no quedan islas donde puedan vivir estos lobos a los que nadie quiere. Y los que abandonan la Isla al cabo de un tiempo muy corto se pierden como las sombras en la oscuridad.

- Pero si sois buenos y estáis en todos los cuentos. ¿Por qué os hacen eso?

- Sí, pero en todos los cuentos somos los malos. Nadie nos quiere, ni a nadie podemos acudir, el hombre solo piensa en el hombre.

- Es verdad. A veces dais mucho miedo, pero como me ha pasado contigo es porque apenas os conocemos. Me da mucha pena lo que me has contado de tu isla tan bonita, pero, ¿cómo os puedo ayudar yo?.

- No lo sé, pequeña, no lo sé. Cuando recibimos tu mensaje, pensábamos que tú tendrías la solución.

- No la tengo. Y no se me ocurre qué hacer. Lo siento. Vuelve a la Isla y diles que tenéis que buscar ayuda en otro sitio.

- No puedo. Al salir de la Isla ya no se puede volver. Dentro de poco, de dos lunas, me desvaneceré y mi historia habrá sido una mala pesadilla.

- Nooo, lobo, no. Al principio das un poco de miedo, pero eres bueno. Pensaré algo para ayudarte, lo prometo.

- Gracias, niña. Volveré en dos lunas. Ahora tengo que marcharme.

- Adiós.

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Dos lunas son un tiempo inmenso para una niña, tanto que a Carmen se le olvidó la cita con el hombre-lobo, y pasó unos días estupendos en su nuevo colegio casi sin acordarse de nada.

Una noche de otoño, con un poco de frío, Carmen se fue a la cama con una sensación especial, pensaba que algo ocurriría, y ocurrió. Cuando sus padres ya dormían, Carmen se despertó con la leve presión que sintió a los pies de su cama. El hombre-lobo estaba allí.

- Hola, Carmen. Hoy es mi último día, vengo a despedirme, porque creo que no has encontrado ninguna solución a nuestro problema. Al menos no he sentido nada que lo presagie.

- Hola. La verdad es que casi te había olvidado, ha pasado tanto tiempo que ya creía que no volverías. Pero tus presentimientos están equivocados, no dejé de pensar hasta que algo se me  ocurrió.

- ¿De verdad?, ¿qué has pensado?.

- Algo que no sé si os va a gustar porque revela vuestro secreto. Resulta que mi profe es un cuentacuentos y sé que a mi padre le gusta escribir. Así que si convenzo a mi padre para que escriba vuestra historia y a mi profe para que la cuente, todo el mundo la conocerá, y no creo que nadie se atreva a destruir vuestra isla. Pero necesito tu permiso.

- Y, ¿crees que funcionará?, ¿crees que a la gente le siguen interesando los cuentos con lobos?

- No lo sé, pero es que no se me ocurren más ideas. Me gustaría tener dinero para comprarle a ese hombre la isla, pero no tengo. Así que es la única solución que se me ocurre.

- Esperemos que funcione. Tienes mi consentimiento.

- Gracias.

Y el hombre-lobo hizo un pequeño silencio, miró los muebles blancos de la habitación de Carmen y suspiró antes de hablarle.

- Carmen, ahora tengo que irme. Me tengo que marchar para siempre, ya lo sabes.

- Lo sé. Pero antes de irte dime tu nombre.

- Algunos me llaman Lobo, Wolf, Hombre-Lobo, Bestia y mil cosas más. Pero una vez tuve un nombre. Un nombre humano, Piotr.

- Piotr. ¡Qué raro!, suena como piedra.

- Y así es. Es el mismo nombre que Pedro o Peter, en mi tierra me llamaban así por un cuento musical, Pedro y el Lobo.

- Piotr, si apareces en el cuento podrás volver a la Isla. Porque será un cuento nuevo y tú su protagonista.

Los ojos del lobo se iluminaron y humedecieron, pero no dijo nada, ni hizo ademán alguno.

- Adiós, Carmen.

- Adiós, Piotr. ¿Me darías un beso?.

Y el lobo la besó en la frente dulcemente. Y justo cuando lo hizo se desvaneció como el humo en el aire y de él no quedó nada más que un recuerdo como el de un sueño y un susurro que voló hasta la Isla de Lobos para llevar la buena nueva al Consejo de los Lobos.

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Y así fue como este cuento fue escrito, y contado a todo el mundo.
(Y así fue que yo, Carloco, lo cuento).

Y así fue, desde entonces, que todos los lobos de los cuentos viven en su Isla con el respeto de los hombres que cuando conocieron el secreto decidieron que allí no se construyera nada.

Y Piotr, el hombre-lobo, regresó a su casa desde el primer día que el padre de Carmen escribió su nombre en un papel y pasa los veranos sentado en una roca, mirando el horizonte y esperando, al igual que lo hizo Ferling, recibir el mensaje de una niña guapa, rubia y de pelo ensortijado.

lunes, 10 de septiembre de 2012

EL PEDANTE.

[El Pedante ha muerto. No ha sido ley de vida, sino una decisión meditada. El Pedante ha muerto. Antes de abandonar esta esfera, el Pedante se presenta ante el Coro de Jueces. Mejor dicho, ante el Coro de Juzgadores.
El Coro viste de blanco, el Pedante apenas se viste con una especie de pañuelo hindú que tapa sus genitales.]

Pedante: Ante este coro blanquísimo, pulcrísimo, inmaculado, me presento.Yo soy aquel que quise ser amado y no lo fue. Yo soy aquel a quien no esperaba el mundo y llegó.

Juzgador 1: Está bien esa forma de presentarse, humilde como siempre ha correspondido a los humildes. Sabe usted presentarse. Sabe usted predisponer y soliviantar a este Coro con solo una frase.

Pedante: Ese es mi sino. Hablar y molestar.

Juzgador 2: ¿Acaso no lo pretendías?

Pedante: No. Y lo siento. Durante toda mi vida fue igual, hablaba y no pensaba. Siempre me encontré con la misma patente reacción ante los que hablaba, se me iba la cabeza y charlaba, charlaba y charlaba pensando que los demás me seguían. Y era falso, los demás me seguían hasta dónde aguantaban y además interpretaban lo que querían, o podían, de mis palabras

Juzgadora 3: Y usted erre que erre. Además de pedante, insistente, cabezón.

Pedante: Disculpe, cabezón, no. Mi cabeza tiene unas proporciones muy normales. Creo que quiere usted decir cabezota.

Juzgador 4: Se da usted cuenta de que sus continuas correcciones no le favorecen.

Pedante: Sí, me doy cuenta. Soy consciente de que este irrefrenable deseo de corregir me condena, pero no sé qué me ocurre porque mi lengua cabalga desaforada antes de que mi mente la detenga. Es algo congénito.

Juzgadora 5: ¿Pretende darnos pena?

Pedante: ¡Qué va!. Lo que pretendo es que comprendan que es algo que está en mi naturaleza, en mi ser. Que comprendan que así como todo el mundo sabe que una víbora morderá porque es una víbora, que sepan que un pedante hablará porque es un pedante.

Juzgadora 6: Quizás comprendamos la naturaleza de una serpiente y sus reacciones porque son instintivas. ¿Cree usted que un gen lo convierte en pedante?

Pedante: Puede que algo parecido

Juzgadora 7: Mire. Hasta donde sé lo suyo es un comportamiento, un hábito que se puede corregir.

Pedante: ¿Y cómo corregirlo?

Juzgadora 8: Poniéndose en el lugar del otro. Pensando en lo que el otro piensa y necesita, en lo que desea oir, anteponiendo los deseos y necesidades de los demás a las suyas. Haga eso y podrá corregir su aptitud.

Pedante: Actitud, no aptitud.

Juzgador 9:  Va por buen camino.

Pedante: Lo siento. Lo que no entiendo es cómo hacerlo si he muerto.

Juzgadora 10: Si jura hacer lo que le hemos dicho volverá a vivir. De usted dependerá que sea una vida diferente, de usted dependerá tomar un camino distinto en cada ocasión en la que fue pedante.

Pedante: ¿Y si no juro? ¿O prometo?.

Juzgador 11: Recuerde que será juzgado.

Pedante: ¿Por qué?, ¿Por saber mucho?

Juzgadora 12: No. Hacen falta personas que sepan. Pero los conocimientos no son todo lo que hay que tener; saber puede ser combinado: hay que saber tratar a las personas, saber estar, saber que no se es el ombligo del mundo,...

Pedante: Aun así no aprecio falta o pecado en mí.

Juzgador 13:  El pecado está en el daño que hiciste a los demás, a los que con tus palabras, con tu arrogancia hiciste sentir inútiles e inservibles. Date una oportunidad y rehaz tu vida.

Pedante: Escojo el juicio.

Juzgadora 14: Sea

Coro: TE CONDENAMOS.

Pedante: Esto sí que es un juicio rápido. Pero condenar es transitivo, ¿y el objeto directo?

Coro: ¡¡GRRRR!!... LA CONDENA ES A VIVIR TU VIDA MIL VECES COMO PEDANTE, A SER JUZGADO MIL VECES Y A REVIVIR EL DAÑO QUE HAS CAUSADO.

Pedante: Con mi actitud, como decís, ¿qué me va a suponer a mí?.

Coro: EN CADA VIDA SABRÁS UN POCO MÁS LO QUE SIENTEN LOS DEMÁS, SUFRIRÁS COMO ELLOS, PERO NO PODRÁS CAMBIAR TU FORMA DE SER. ESA ES LA CONDENA.

[Y así ha sido desde el día de este juicio, mil vidas que está viviendo el Pedante, mil condenas, mil veces la muerte buscada por el Pedante].

Así que si te tropiezas con el Pedante, no te castigues. No pienses que el Pedante queda indemne, en su conciencia, día a día, queda un estigma. El del daño que te ha causado y que le provocará la muerte.

Obsérvese el sobrado cumplimiento de la ley de paridad en el Coro de Juzgadores. Y Juzgadoras.

¿Buscan al pedante?

YANNIH NOAH Y SU RAQUETA.

Amanece. Es domingo y llevo casi una hora y cuarto corriendo cuando el sol empieza a hacerse notar. A mi lado otros corredores, con los que me cruzo de forma casi invariable en el mismo punto semana tras semana, me muestran la cara que debo llevar. Frío, cansancio, sueño, una barbita sin afeitar... Están los ciclistas que pasan en manada a nuestro lado, abusones que se apropian del camino y de la velocidad, y que se tienen que tragar su soberbia en los semáforos y en las zonas adoquinadas. Y también los señores y las señoras que andan, los que pescan y los más elegantes, los remeros. Los remeros surcan al agua mansa del río con un compás mágico, rompen la superficie del agua con su proa de aguja y dejan tras de sí una estela veloz, que sobresalta a los patos.

Es domingo. Y esta ribera del Guadalquivir que alberga también a pintores y artistas, noctámbulos que no saben a dónde ir, parejas que ya no saben si el deseo de la noche sigue ardiendo, no parece Sevilla. Y aunque así sean ya esta ciudad y otras muchas del país, parece una mañana cualquiera junto a otro lugar, como podría ser junto al río Cam. Una mañana llena de actividad aunque sea domingo, sea enero y haga frío, mucho frío.

Y voy pensando en Yannih Noah, aquel tenista que me encandiló con sus golpes imposibles, el primero al que ví saltar por encima de su raqueta para dar un golpe entre sus piernas, al que ví remontadas épicas y al que aplaudí. Voy pensando en él porque hace unos días opinaba y teorizaba sobre el deporte español, y venía a decir que todos los éxitos logrados por los deportistas españoles están manchados por la trampa del dopaje. Es fácil teorizar, opinar y decir algo así sin conocer la realidad de miles de personas que optan por correr, montar en bici, saltar, jugar al tenis o al baloncesto o al fútbol de forma masiva. Es fácil hablar porque este tío no sabe lo difícil que es, ya no correr, sino conseguir un dorsal para correr una media maratón, participar en un triatlón o en una ruta ciclista. No sabe la masa social que respalda cada acto. Y aquí no hay trampa ni cartón, hay que correr, pedalear, saltar, y son el propio cuerpo, la mente, las piernas las que van moviendo una pequeña rueda hacia cada victoria. Yannih Noah no lo sabe y no nos importa.

Yannih Noah ha cambiado su raqueta por una guitarra, y puede que siga siendo un virtuoso. Pero que calle, por Dios, ¡que calle!. Porque, entre otras cosas, me estropea la mañana del domingo y los graznidos de los patos, el reflejo del primer sol sobre las ondas de las piraguas, el saludo del conejo en el parque. Que calle. Me gusta correr en paz.