lunes, 12 de julio de 2010
TULIPANES
viernes, 9 de julio de 2010
PASEOS CON UN CADÁVER.
Desde hace un tiempo me acompaña este extraño, afable y silencioso cadáver. Justo al levantarme ya está ahí. Mientras yo, mucho más desabrido y descuidado, voy descalzo a poner un café, él se calza unas zapatillas y se asea para iniciar el día ritualmente.
A cada momento, cada día, este cadáver es uno distinto. No sé de qué depende, pues unos días mientras yo estaba triste mi cadáver se había convertido en un hermoso ahogado, en un actor muerto por sobredosis, o en una niña pequeña atragantada con un caramelo. Y otros, sin contraste alguno con mi alegría o mi abulia, ha sido un caballo muerto, un atropellado, o un horrible torturador.
Este cadáver no me habla, se sienta a mi lado y me observa, como si me estudiara. Mastica aire y bebe viento al son al que yo lo hago con manjares más suculentos, habla con silencios casi sin gesticular, se muestra agrio cuando se enfada, y he aprendido a mirarme en él como en un espejo. Un día incluso me arreglé el nudo de la corbata como si me reflejara en él.
Ayer este extraño, afable y silencioso cadáver desapareció. Fue solo un rato en el que me dominó una extraña desazón. Al cabo de un tiempo volvió leyendo un par de periódicos, uno económico y otro de derechas. Y, creedme, mi cadáver sonreía.
lunes, 28 de junio de 2010
STUCK ON A SONG.
Sometimes I feel hooked on a song.
It depends on the moment, it could be a rock song or a ballad, classic music or new age, but it´s always the same. I can´t control it; every moment, every second is the song. Eating, reading, working are the song. But life is not the song.
Dicotomy.
My body and my soul are independent. While my body is living, my soul is in jail. A jail of dreams. Stuck on a far harbour. Like that old sailor of La Gomera, maybe called Brian.
jueves, 17 de junio de 2010
SUEÑO
He soñado hoy contigo. Mis sueños de amor son dulces. Tiernos y dulces. No sé por qué hemos ido a casa de mis padres en Córdoba. Allí hemos hablado, te he aclarado cosas, te he contado mis dudas y tú me has creído. Sabes de lo que te hablaba, tú también has sufrido.
Como casi siempre te he contado algo de una película y tú me has dicho que era como un vídeo comunitario portátil. Me ha hecho gracia, te he mirado, me has mirado, y te he besado. Un beso dulce. Muy dulce.
jueves, 10 de junio de 2010
REBELIÓN
Mis islotes de Langerhans hoy se han rebelado. Por mi descuido y mi falta de atención, proclaman. Lo cierto es que yo ya no sabía dónde encontrarlos, y mi falta de coordinación entre páncreas y bazo me ha condenado a esta sedición.
Las revueltas comenzaron con una migración por canales secundarios a mi hígado. Allí han tomado de rehenes a unos hematíes y han bloqueado varios vasos y mi estómago. Así han forzado la negociación.
¡Independientes!. Han tenido un arrebato de insularidad y quieren ser independientes; no se conforman con la autonomía. Por supuesto me he negado. Y contraatacan. Ya no realizan su función; ahora segregan endorfinas.
Me están envenenando, intoxicando poco a poco hasta la muerte. A pesar de eso no los complaceré. Y sé que no lo resistiré.
Pero soy tan feliz.
lunes, 31 de mayo de 2010
SUEÑO DE UN VIERNES. EL ABUELO.
(Dedicado a los que provocaron mi insomnio tras este sueño. Ellos saben quiénes son)
El paisaje es frondoso, no de un llamativo verde, de uno más bien apagado, el propio de un lugar mediterráneo. La casa es pequeña, acogedora, blanca por fuera, que es lo único que puedo ver. Hay un emparrado que da sombra a la parte delantera de la casa. En la sombra, un hombre se sienta a una mesa de basta madera. El hombre es delgado, alto, con el cráneo muy cuadrado, con una coronilla limpia, sin ningún pelo, sin ningún lunar. El hombre es mi abuelo.
Camino hacia él con una botella de vidrio verde, perlada de gotas de agua fría, llena de vino blanco. Lo beso como si lo viera a diario y me siento a la mesa.
- Abuelo, ¿por qué has venido?.
- ¿No querías hablar conmigo?.
-¿Yo?.
- Claro, ¿quién va a ser?.
- ¡Ah!, ya sé. Abuelo, ¿existe otra vida?.
- ¿Pero tú eres tonto?. Tanto tiempo sin verme y me preguntas por eso. Mira que si seguimos así me iré. Por favor, hijo, hablemos de amor, que es lo que me ha traído aquí. Y lo primero, sirve ese vino que traes.
Sirvo una copa. El vino desprende un aroma a jazmín y a lluvia. Oro transparente. Le entrego la copa a mi abuelo.
- ¿ Y tú?
- Yo no bebo. No me gusta el alcohol.
-¿Que no bebes?. Hijo, en tu época estáis atontados. ¿Cómo vas a amar si renuncias a los placeres de la vida? Debes beber vino para que tu alma conozca tus sentidos, debes dejarte embriagar por los licores que enardecen el espíritu. Y aprender a dominar el demonio de la botella. No te fíes nunca de un hombre que no prueba el alcohol. Bebe, por favor, bebe.
Obedecí. No solo descubrí que aquel era el vino con el que había soñado alguna vez, quizás un Sancerre, quizás un vino de la Ribera Sacra; también descubrí lo que quería decir y cómo lo quería decir.
- Abuelo, no sé qué hacer. No sé qué hacer con mi vida. Es decir, sí sé lo que quiero hacer, quiero ser feliz, pero no sé si mi camino es el adecuado. Vivo con una mujer a la que quiero. Pero no puedo dejar de pensar en otra mujer. Dime, ¿qué debo hacer?.
- Hijo, tú debes encontrar tu camino. No. No me digas más. ¿Cómo reconocerlo? No lo sé, cada uno siente de manera diferente. Sé que piensas que tu abuela y yo teníamos el amor perfecto. Es posible, pero eso no significa que alguna vez no dudara, que alguna vez no pensara en que no merecía la pena atarse. Solo cuando me imaginaba mi vida sin ella, libre, y aquel futuro se convertía en un borrón oscuro, en una soledad infinita y por anticipado, me daba cuenta no de que quería a tu abuela, sino de que la amaba.
El abuelo dio un largo sorbo al vino. Miró la copa, paladeó el licor y calló. Justo cuando iba a preguntarle algo más, siguió:
- Déjame continuar. Si dudas, si tienes dudas, imagina el futuro. Imagina a tu compañera dentro de unos años. Imagínate tú. ¿Eres capaz de hacerlo? ¿Cómo harás más daño, siendo infeliz y haciéndola infeliz o marchándote?. En el amor no hay deberes. En el amor no hay obligaciones. Pero debes saberlo, el precio por amar siempre es sufrir, aunque sea un poco.
Los dos callamos largo rato. Me di cuenta de que yo no había ido a él, ni de que él había venido a mí. Nos habíamos encontrado después de tantos años en un sueño, quizás más real que muchas vidas. Aun así quise preguntarle por los misterios del más allá.
- Abuelo,…
- Hijo, ¿no has aprendido nada? No te preocupes por la otra vida, sea lo que sea, ya lo verás. Preocúpate del amor. Solo el amor tiene sentido. Vida y amor son la misma cosa. Y ahora, antes de que me marche, dame otro trago de ese vino.
MIS PAÍSES.
¡Qué bonito país!, con sus fronteras, sus siete provincias, su idioma, su música, su historia, sus montes, sus ríos, sus flautas y su todo. ¡Qué bonita entelequia!. Pero pronto empezaron los problemas, como no me había inventado un ejército, lo hicieron sus pobladores y comenzaron una guerra sorda y sucia, sin más sentido que el de poder sentirse héroes haciendo no sé cuantas barbaridades. Y sin más sentido que ondear una bandera que yo no había inventado.
Como ya estaba harto de este país, me inventé otro. Y como la pseudo historia me fue mal, acudí a la Historia, donde tampoco anduve fino, ya que, aunque escogí el anciano reino de Aragón, me salió otro que llamé Catalunya.
También me quedó bonito. Tenía todo lo del anterior, y más dinero, y selección de fútbol, y literatos, poetas, cantantes, historia con reyes y condes, y una bandera molona a rayas rojas y amarillas. Pero resultó un follón, no me entendía con ellos, lo que era Aragón ya no era Aragón, de repente eran varios países, varias islas, todo se normalizaba, y para mí, que soy un hombre un poco desordenado y más espontáneo, todo, todo, se me hizo demasiado.
Con dos países ya a mis espaldas, busqué el tercero, que sería el vencido, pero me salió, por azar, el de los vencedores. Supuse que era un problema de dimensiones e imaginé un país más grande, con mucho mar, mucho campo, varios ríos, montañas y valles de sobra para todos. Pero con todo lo grande que me salió, casi como Francia, la gente parecía no caber dentro. Y en un instante se me llenó de una gente rara, muy rara, que poco a poco y en silencio se adueñó del país, y pusieron una bandera que habían copiado de la anterior, aunque con muchas menos franjas. Y gritaban, ¡España!, ¡España!. Y decían que este país y los anteriores y los posteriores y los sucesivos eran y serían suyos. Y me entró miedo. Mucho miedo.
Sentí como nos inundaban el desorden, la anarquía, la desmembración; vi como nuestra vida se acababa, se interrumpía el sentido de nuestra existencia, se desmoronaban nuestros cimientos... Lo vi y corrí a la calle a contárselo a todo el mundo, quería que todos estuvieran advertidos. Gritaba y gritaba, la gente miraba como se mira a un loco y permanecía inalterada, impasible, bebiendo cerveza y comiendo pan, amándose y afanándose en sobrevivir ajena al desastre.
Y recordé que lo de los países había sido solo un invento, y entonces me desaparecieron las sombras y la desazón. Y no hallé muros de patria mía que mirar, y no hallé ruinas que cuidar y restaurar. Tan solo supe que lo real, si acaso había algo real, es ese lapso de tiempo entre nuestro parto y el viaje en la barca del viejo Caronte.
LOS HOMBRES TAMBIÉN HABLAN DE AMOR
Está escrito.
Eres hombre, heterosexual, y, encima, cuarentón, por tanto, no debes hablar de amor. Tienes que ser gracioso, fuerte, trabajador, atlético, barrigón, o lo que quieras; puedes barrer, planchar, cocinar o coser. Incluso se supone que puedes hablar de mujeres. Sí, pero no hables de amor. No te escucharán. No eres creíble.
Quizás nadie haya caído en la cuenta de que muchos hombres no se han conformado con encontrar a una compañera, o de que han sufrido desamores varios y han sobrevivido a sus siete corazones rotos, o de que todavía pueden sentirse abandonados como niños pequeños por un pequeño desplante. Y es posible que nadie recuerde que en, aproximadamente, la mitad de los problemas de amor del mundo hay un hombre implicado. Raro será que alguno no dé la talla para opinar. Es un desperdicio y una idiotez. Pero el mundo, no solo el fútbol, es así.
Y si es difícil hablar de amor, imposible es decir que eres capaz de amar. No de querer, sino de estar enamorado eternamente como un quinceañero. No puedes ser el rudo vaquero, montar a caballo, y amar. Y, sobre todo, ser amado. Ni confesar que sufres, por amor. Y que mueres de amor.
… porque amores que matan nunca mueren…
domingo, 30 de mayo de 2010
TRIATLON
jueves, 27 de mayo de 2010
LADRÓN, COFRADE, FUNCIONARIO Y DIÁCONO
(Dedicado a aquellos que no se dan cuenta de que estamos en el mismo bando)
Tú, ladrón, te has ido con honores. Tus rapiñas, tus coacciones, tus mentiras y tus chanchullos han sido premiados. El dinero que has atesorado lo guardas con avaricia, lo cuentas y lo recuentas cada noche para comprobar que podrías haber robado más. La historia se te ha acabado, y, aunque ha florecido la simiente plantada, sabes que ya no será para ti lo que tu hijo sustraiga. Y te lamentas por ello.
Tú, cofrade, has mancillado lo sagrado. Tus ansias de estar por delante de tu adorado Señor y de tu Virgen te han llenado de desazón. Castígate, fustígate, flagélate. Has pecado. Y ni siquiera las vigilias, las adoraciones nocturnas, las peregrinaciones a Tierra Santa moviéndote en Mercedes, los ayunos que hiciste comiendo langosta y cordero, te librarán, no de la condena de Dios, sino de la condena de tu propia alma negra.
Tú, funcionario, has trabajado para ti. Has montado tu oficina, tu empresa, tu pequeño imperio en este pueblo. Y te lo han permitido. Y te lo han consentido. Porque durante décadas has vendido tu firma, tu palabra, tu dudoso honor a cambio del silencio. Y has humillado, acobardado y coaccionado a los que elegías para darles un mísero sueldo. Y has sobornado y chantajeado a los que tenían que vigilarte.
Tú, diácono, te refugiaste en la Iglesia. Sí, olvidaste a Dios y te refugiaste en los brazos de la Curia. De la indecente Curia que te aceptó como a un hijo, porque tú como un fiel siervo has pagado los diezmos, porque tú como un fiel esclavo has perpetuado la doctrina del miedo y la sumisión. Porque tú has entonado el Padrenuestro pensando en el Becerro de Oro.
Yo te doy las gracias porque al irte nos castigaron. Sí, a aquellos que no quisieron unirse a tu homenaje nos castigaron como a niños traviesos con una hora más de trabajo. Te doy las gracias porque gracias al castigo celebramos tu marcha, como rebeldes, bebiendo cerveza a tu mala salud, brindando por tu adiós con la alegría de quien se cura de la rabia. Porque gracias a ti comulgamos con patatas fritas. Porque gracias a que te odiamos nos hicimos más amigos.
Yo te maldigo con la maldición que pueda enviarte este alma triste. Te maldigo pensando en que quiero que haya un Dios justo y que haya Cielo para que no lo huelles. Aunque yo tampoco lo haga.