jueves, 4 de junio de 2015

TOPÓNIMOS.

Salió, sigilosa, a estirar las piernas. Miró al horizonte, hacia donde el sol habría de caer, y emprendió la marcha. A su marido le gustaba pensar que si nunca regresó fue porque encontró el caldero de oro junto al comienzo del arcoiris y que, allí, ella le esperaría hasta que él venciera su cobardía y tomara el mismo camino. Le habrían bastado una mirada al barranco, o indagar un poco sobre aquellos buitres, para descubrir por qué se llamaba aquel paraje el despeñadero.

miércoles, 20 de mayo de 2015

BRUJAS.

La inquisición no tardará en llegar, rápido, vístete, cúbrete con tus sayas y tu camisa, disimula el arrobo con el que te engalanas y las marcas de mis labios en tu cuello. Denúnciame, di que te engañé y que te prometí mostrarte un ángel. Haz lo que sea para condenarme pero nunca confieses lo que hicimos, que dos mujeres se amaron y se ayuntaron como si fueran libres. Hazlo. Yo, cuando el fuego de la hoguera me prenda, pensaré en tus senos y en tu boca; y en el fuego verdadero que ni siquiera su dios podrá sofocar. 

miércoles, 13 de mayo de 2015

FILIACIÓN.

Y las azules, las del abuelo, mancharon las sábanas de hilo como si fueran dos gotas caídas de su vieja pluma Parker, en vez de las espesas gotas de sangre que habían brotado de su herida. Mi tía, la soltera, dijo que no le extrañaba, pues siempre había sido un hombre triste. Mi padre comentó que no esperaba menos de un facha como él. Y yo recordé a mi abuela, quien contaba que él siempre se creyó un marqués, aunque nunca tuvo donde caerse muerto.
Y volví a mirar su anciano rostro, lo comparé con el retrato de aquel viejo rey de las monedas y no dejé de encontrarles un inquietante parecido.

jueves, 30 de abril de 2015

POLITICANTES.

El incómodo cadáver del mediador familiar permanecía al fondo de la sala con el tiro en la entrepierna que, poco antes, le había disparado. Fue en una inspección rutinaria, mientras le realizaba el test de empatía Voight Camps.
Tendré siempre que agradecer la existencia de la pregunta de imagine usted que está en paro y deja de percibir cualquier ayuda. Es la cuestión clave, todavía no he conocido a ninguno de los de su especie que sea capaz de colocarse en la situación de uno de los desheredados.
Yo ni siquiera habría imaginado que este departamento de servicios sociales estuviera también contaminado, y eso que esto mismo ya lo había vivido antes, en los sucesos del hospital, de urbanismo y de patrimonio. Una por una he ido limpiando esas dependencias y sé que será un trabajo inútil, en unos años estarán igual. Aun así me esfuerzo. Pero es que soy un sentimental, y no quiero entender que los políticos ya están entre nosotros. 

jueves, 23 de abril de 2015

LA ASOCIACIÓN

El incómodo cadáver del mediador familiar sugirió a los demás que se asociaran. Todos los muertos anodinos y grises, entre ellos mil funcionarios de ayuntamiento, asintieron y se aprestaron a redactar los Estatutos. Ninguno tuvo la precaución de echar un vistazo a la torva mirada del banquero. Nadie podía imaginar su aspiración de convertirse en tesorero. Nadie podía pensar que querría emular a sus ídolos más allá de la propia muerte, y que su suicidio no fuera sino el comienzo de una carrera planeada hasta el infinito.

viernes, 10 de abril de 2015

NEUROSIS.

Procuraba no perder sujetándole las nalgas; el mundo, su universo, los días pasados y los futuros, quizás las manchas de café y las de grasa en el cuaderno escolar, su conocimiento de Tintín y sus desarrollos de mecánica cuántica, pendían de un hilo. Sus manos se posaban en la redondez de aquella piel desnuda por primera vez para él y por eso la asía con fuerza, procurando, a pesar de sentirse raquítico y peludo, ser en aquel momento el rey del mundo, el rey del mambo.

Jamás previó que la derrota proviniera de su madre y de su irritante afán por volver a comprobar si había apagado la estufa de gas. Jamás pensó que su desnudez, y la de ella, que constituían un mundo apenas un segundo antes se convirtieran en algo tan ridículo y escandaloso. Jamás se le ocurrió que perder supusiera toda una vida rememorando aquella tarde, recordando el sabor de sus senos, la caricia de su aliento, la suave y tersa piel que estuvo a punto de ser suya y se alejó, a impulsos, con pequeñas oleadas, como aquella pelota que una vez se fue mar adentro y jamás volvió.

jueves, 2 de abril de 2015

A URGENCIAS

A cada vuelta del tambor de la lavadora le dolía menos. Programa corto, quince minutos. Sin centrifugado. Ni era cuestión de tardar mucho, ni de llevarla arrugada, y tampoco de que siguiera sucia. Hielo preparado. Y esa preciosa bolsa térmica, lista también. En cuanto terminara, cogería la mano y la envolvería con cuidado. Menos mal que cuando se la amputó no llegó a salpicarse el vestido con la sangre, vestirse con solo la derecha sería sinónimo de que, sin duda, se mancharía.

Habrá que ir a que nos la injerten. Sí. Pero siempre limpia y con estilo.

domingo, 22 de marzo de 2015

GÉNESIS.

Todo estaba dibujado en la pequeña libreta gris que llevaba en el bolsillo de su pantalón. En la primera página una línea irregular dividía el blanco papel de la negra tinta; tras ella, las sucesivas hojas del cuaderno mostraban esbozos de la separación de las aguas y la tierra; de la formación de las estrellas y los cuerpos celestes; del nacimiento de las plantas y los animales; de un malévolo, y egoísta ser, y de una costilla suya. Esto último, sí, todo hay que decirlo, que fue un mal autorretrato.
El bloc acababa ahí. Y Él entendió que se merecía un descanso. Se lo tomó y abandonó el cuaderno. Ya habría tiempo de terminar este o de empezar otro.

lunes, 2 de marzo de 2015

SU AMIGA

A nadie se le ocurrirá que solo quiso volar, como antes. Nadie pensará en que añoraba el dolor en las piernas y el ahogo, esa sensación de agonía, de asfixia, que solo conocen los que llevan al límite este engranaje de huesos, músculos y tendones que nos compone. Los que lo vieron aquella tarde se supieron espectadores de algo mágico, inmemorial, eterno. Y por más que corrió, por más que huyó, no pudo sino certificar que ella había llegado a su vida para instalarse. Para tomar con él, este, su último vuelo. Él solo pensó en volar sobre la pista, en adelantar a la puta enfermedad, su nueva amiga.

sábado, 7 de febrero de 2015

EL PODER DE UNA CANCIÓN.

Una mañana de sábado, con frío, con recuerdos.

Fue el domingo pasado cuando volvían a reponer la historia de la familia Von Trapp, película que habré visto incontables veces. Esta vez solo llegué al final. Al momento en el que el capitán de marina entona Edelweiss, y emocionado, pierde el resuello  y María continúa la canción. En un segundo el auditorio, casi por completo, canta con ellos. Un plano muestra la cara de los representantes nazis. Es innegable que están furiosos, pero no saben contra qué luchar. ¿Qué son esas notas? ¿qué son esas perturbaciones en el aire?. Un alemán, como se piensa que debe pensar un alemán, explicaría que son cambios de presión en el aire y una onda que se transmite por este medio. El sonido es solo eso, presión. Pero explíquele a la cruz gamada, al águila plateada, qué es entonces lo que inflama los corazones de los cantantes. 

No debe ser casualidad que contra el mal en estado puro, el ominoso y hermético, organizadísimo mal, los cineastas hayan recurrido a una canción. Quizás, si apuramos, a esa forma de canción que es el himno. Y frente a la rocosa tiniebla, algo perenne, permanente. Que lo es porque no es nada, es el momento y la emoción, que no está y está para siempre.

Tarde de sábado. Retrotraigámonos. Un viejo cineclub proyecta Casablanca, han cometido la osadía de repartir una crítica de la película. Y a mí, que llevo la idea preconcebida de la melodía de jazz al piano, Sam, me sorprende que se hable del himno francés. Sí, la secuencia en la que en un bar de existencia imposible, en una colonia sin identidad real, en un triángulo de amor aun más imposible, gentes, exiliados de varios países, entonen La Marsellesa parece surreal. Y es por eso, y por otras razones por las que se convierte en real, en posible, y por las que uno desea en ese momento ser de blanco y negro y cantar contra el nazismo en el café de Rick.

También el viejo John Houston recogió el testigo de La Marsellesa. Fue en el Parque de los Príncipes, y si bien lo que contaba la película había ocurrido en Ucrania, y si bien jamás tuvo aquel final feliz, que levante la mano el que no se emocionara cuando el público canta el himno de la revolución francesa ante el penalti final. "Victuar". "Victuar". 

El cine ha tomado mil canciones y son fundamentales para la historia. Yo he visto muchas de ellas, y habrá más en las que una canción enardece corazones y simboliza al pueblo contra el mal, se me ocurren películas como El Siciliano, Doctor Zhivago, El Arpa Birmana, Missing. Pero la memoria es traidora y selectiva y hoy me ha traído solo las cintas de las que he hablado. Porque a la canción se unen vivencias, momentos, sentimientos y a mí, hoy, me ha tocado derivar hacia ahí. Porque no quiero hablar de canciones fuera del cine. Por no recordar otras cosas. Por no tener, como aprendí ayer, revivencias. 

Por eso le pido que imagine Casablanca o Evasión o Victoria, o Sonrisas y Lágrimas sin La Marsellesa o sin Edelweiss.  Imagine.

Y si las canciones que he contado hablan de lucha, cambiemos de registro. Vayamos al final de Senderos de Gloria. Créase Kirk Douglas, créase un capitán, créase un abogado que ha luchado por salvar la vida a unos hombres que ya estaban condenados de antemano. Piense en el frío, en el barro, en las ratas, en el miedo a las bombas, a los cañonazos, al tifus, al gas mostaza. A la bayoneta del enemigo que espera. Discurra en por qué debe estar usted aquí. Y si Cyrano recurría al pífano, a las montañas gasconas, a los riachuelos y las lindas pastoras para recordar a cada mosquetero por lo que debía luchar, imagine que a su espalda, a la de usted que es en este momento el mosquetero, una serie de generales y mariscales de campo comen pulardas en aristocráticos salones, beben vinos de la región meridional a la que no llega la guerra y duermen en blandas camas y suaves sábanas, quién sabe si con pastoras, o pastores. Y vea en ese momento a la tabernera, alemana, llorosa, que debe cantar ante ustedes, los bárbaros que están en esta guerra, los que han excavado una trinchera sobre la tierra en la que ella y su familia cultivaban y enterraban a sus muertos. Y escuche esa canción, en un idioma que no conoce, con una voz que es débil. Y sutil. Y observe a los viejos patanes, a los malolientes soldados bajar la mirada y centrarla en el vaso. 

Y medite sobre si no es esta canción la que le hace pensar qué sentido tiene esta guerra, qué sentido tienen las muertes.