lunes, 17 de enero de 2011
ÍNDICE
martes, 28 de diciembre de 2010
CIERRE TEMPORAL.
Cien es un buen número para parar, entre las entradas que hay publicadas y los borradores supero este número. No es que quiera un cierre definitivo ni que quiera eliminar este blog, pero voy a parar. La razón principal es que quiero centrarme en otro esfuerzo, también de escritura.
Tengo el propósito de acabar en breve el inconcluso y perdido cuento de la Isla de Lobos, un pequeño artículo sobre mi afición a correr, varios borradores de entradas de los blog a medio hacer, e iniciar un libro. En el prólogo de una lectura reciente el escritor contaba que en sus relatos y en sus artículos necesita tiempos y planificaciones diferentes a los que necesita para redactar una novela. Este escritor es para mí una inspiración y un modelo en la escritura, por lo tanto le haré caso.
Hay una razón de peso más, soy un aprendiz en busca de tema para dar el salto. Podría decir que mi libro tratará de la “rebeldía justificada”, pero es incierto. No puedo aventurar ni tan siquiera que vaya a existir el libro, es imposible determinar de qué irá. Y tampoco puedo vaticinar si se escribirá y si se editará. Démosle un año a esta aventura. Pero si diversifico esfuerzos es seguro que las entradas del blog irán consumiendo las ideas sobre las que pudiera versar una novela, si así nace, o un libro de memorias o cualquier otra cosa.
Gracias a todos los que habéis participado en este blog con la lectura, gracias a los que habéis hecho comentarios. Quiero, sin embargo, abusar de vosotros y pediros un favor más, haced algún comentario sobre el blog, sobre la entrada que más os gusta o sobre la que más os disgusta, e identificaros. Es una forma de saber si mi camino va también hacia vosotros o solo hacia mí.
No sé si cumpliré a rajatabla con el propósito de pausar estas entradas (sé que retocaré y modificaré alguna y aparecerán publicados los borradores que ya inicié) pero lo intentaré. Y espero que sea señal de que avanzo en otros sentidos
miércoles, 22 de diciembre de 2010
DICCIONARIO. HOLLAR.
Cuando escribí sobre un corrupto busqué en el diccionario la palabra hollar, no estaba seguro de su grafía, lo que sé es que yo había mezclado oír, hoyar y hollar. Al que yo me refería es a hollar, pisar. Pero me llamó la atención que el diccionario atendiera a la etimología de la palabra, relacionada con folgar.
De inmediato pensé en una tarde de una navidad de principios de los 90, jugábamos a algo raro en casa de Susana y Ramón, con su particular tipismo nos habló de pisar como sinónimo de montar el macho de un animal a la hembra. Se refería a las gallinas, y no me queda muy claro si un gallo pisa a una gallina, sí que los mamíferos lo hacen.
Y me queda claro que de folgar viene follar. Y si esquivé una vez la pregunta de qué era para mí hacer el amor, diciendo que era un galicismo, ahora me queda más claro que este galicismo es necesario y que define mejor que los términos animales que empleamos el difícil arte de hacer el amor.
Y esta disculpa se la debía a dos personas. Perdón, Fernando por mi sarcasmo protector. Perdón, Inma por trivializar el amor.
SUEÑO. NAVIDAD.
Obertura.
Un teatro veneciano resplandeciente de pan de oro. Barroco, ampuloso y a la vez equilibrado. No posee patio de butacas. Los palcos se alzan hasta una altura insondable. Y, en el mejor lugar de este recinto, estoy yo, vestido a la italiana, con el pelo largo y coleta.
Every valley shall be exalted.
Un serio señor, alto, gordo, de barba negra se centra en la escena, tras él gruesos telones rojos. Inicia el canto y todo el teatro se llena con su voz. Canta y vibra y con él vibramos. Emana una contagiosa alegría, la de un padre orgulloso, ha nacido su hijo.
Aleluya.
Me fijo en los espectadores, ángeles, querubines como los que sostienen las bambalinas. Y cantan todos a coro junto al tenor y la soprano. Aleluya dicen, y junto a mí ascienden al cielo como enredadas en una tela de oro, las notas que me acarician, las letras que me perfuman. Y no me resisto, me elevo con las notas, me dejo acunar, me mezo. Y me siento elevado.
Y me siento otro.
Es El Mesías.
Es Navidad.
CONDENADO.
Si hubiera vivido en tiempos míticos, este castigo no habría sido más duro que el de Prometeo o Atlas. Pero en estos tiempos no podía imaginar a ningún dios empeñado en mortificarme. Yo sé que fui infiel a muchos pactos, infiel a mi matrimonio, infiel a mis primeras convicciones, pero jamás supe de ofensa alguna a ninguna deidad, mayor o menor, Única o de algún Panteón.
Y solo sé que hace años, muchos ya, viajé en avión y conocí a una mujer. No podéis imaginar lo que sentí, a su lado, durante el vuelo viví otra vida, me imaginaba junto a ella, como junto a una pequeña Mimí de rostro dulce y luminoso. Le propuse que se casara conmigo. No sabía de mi vida, de mi esposa, de mis sucios negocios, pero nunca me respondió.
Desde aquel día no he podido salir de un aeropuerto. Desembarco, recojo mi maleta y vuelvo a embarcar. Sin descanso. Sin reposo. Día tras día, año tras año, vuelo tras vuelo. Y la busco en todos los aviones, en todos los aeropuertos. Tan solo una vez, hace años, creí verla. Esperando la llegada de un vuelo. Un cristal nos separaba. No pude preguntarle a quién esperaba. Qué esperaba. Si acaso necesitaba responder. Si acaso era el destino que yo debía alguna vez encontrar.
UMBERTO ECO, QUE ME HAS COPIADO.
VENECIA.
domingo, 19 de diciembre de 2010
POEMA.
Yo no quiero el arrullo de la tristeza,
de su aliento de zorra indeseable.
Yo no busco el olvido,
busco el calor de un sol meridiano.
Busco la templanza de un recuerdo,
el de un aburrido día de verano,
el del frío compartido.
Existe ese rincón en la memoria,
sé que existe.
Sé que Dios en su descuidada creación,
lo ha dejado oculto en algún sitio.
Y yo no quiero vivir en la triste,
incontrolada concatenación de días de nostalgia,
quiero vivir en nuestra vida,
que no es la de los días del ayer, la de los días que serían.
Estos, los días que son,
días de pesado golpe de tic-tac,
de afilados minutos,
en los que no olvido,
en los que no recuerdo,
me hacen sentir que porque quiero olvidarte,
solo por eso,
te recuerdo.
viernes, 26 de noviembre de 2010
DEL TRABAJO.
Nos pasan cosas y pensamos que somos los únicos.
Los demás nos cuentan cosas y pensamos que jamás nos sucederán.
Ayer el alcalde nos enfrentó a dos técnicos a una plataforma ciudadana iracunda, mezcla de gente temerosa, mezcla de politiquillos. El motivo, un tanatorio y crematorio frente a sus viviendas, cierto, como es cierto que compraron sus viviendas frente a un cementerio, a unos cuatrocientos metros. En la reunión hay un tipo raro, sé que no quiere conseguir nada, la reunión y el encierro posterior con el que amenaza son su verdadero objetivo. Su sonrisa, que intenta que sea maliciosa le delata, en realidad, es el tic de un mal jugador de póker. Hay madres que han sacado de internet informes sobre lo perniciosa que es esta instalación para la salud de sus hijos, ¿cómo decirles sin herirlas que lo que han traído es una mezcla de informe de horno de Auschwitz, de incinerador de basuras, de fantasía y de barbacoa americana?. Y el que duele, el que quiere convertirse en juez, al que un alcalde sin hombría le cede la iniciativa y lanza preguntas como dardos, como problemas irresolubles sobre trayectorias de cadáveres, sobre tiempos de cremación, sobre colindancias, examen oral al que me someten usando normativa no solo derogada sino falsa. Y éste, al que he asesorado durante un año, al que tenía aprecio, no en vano su mujer ha estado enferma, muy enferma, no en vano lo he pasado mal por sus hijas, lo consigue, desata mi ira, mi furia.
Y no saben que en realidad no estoy en la reunión. Estoy en el tanatorio, en otro tanatorio quizás, en otros tanatorios, esperando el momento en el que se hará cenizas el cuerpo que albergaba una vida unas horas atrás. Y no saben que en esa reunión están presentes mayos, noviembres, agostos. Y no podrán saber jamás que, a la vez, estoy en la primera sala en la que Fernando tenía su consulta, frente al cementerio encalado, y donde yo dejé que escaparan como espectros muchos de mis miedos.